La Magia del Encuentro

Los encuentros sin duda pueden marcar nuestra vida.

 El encuentro con una persona, un libro, una enseñanza, nos puede llevar a una oportunidad laboral, a un cambio en nuestro estilo de vida o hasta iniciar una nueva relación. 

Los encuentros tienen mucho de mágico, algunos incluso podrían considerar que  tienen algo que ver con la suerte, porque no todos los encuentros son afortunados. Es cierto que puede haber encuentros trágicos o perturbadores, llegando a marcar un antes y un después en la vida, pero sin importar que clase de encuentro  te alcance, todos los encuentros tienen algo en común, lo inesperado.

El factor sorpresa  que reviste al encuentro lo puede convertir en algo hermoso o abrumador;  y es que aunque intentamos a toda costa tener un cierto control de lo que vendrá utilizando agendas y calendarios, haciendo planes para encontrarnos con alguien -lo cual considero muy útil y necesario-  no podemos evitar que “el encuentro” llegue de manera sorpresiva a nuestra vida convirtiéndose muchas veces en un factor que cambie el rumbo de la balanza de nuestra vida.

Hace un par de meses tuve uno de los más maravillosos encuentros cuando un zorrillo y su cría aparecieron frente a mi, cruzando la carretera al tiempo que yo. Me detuve por completo y presencie uno de los espectáculos más bellos y enternecedores del día.

Sin duda todos los encuentros nos dejan algo  que saborear,  como cuando llegas a una cafetería por  un momento y descubres en la mesa de enfrente un amigo que hacía tiempo no veías. Todos estos encuentros pueden resultar familiares para nosotros por que aunque se mueven en el ámbito de lo inesperado se manifiestan en el exterior y en la cotidianidad de nuestra vida, pero hay otro nivel de encuentro mucho más profundo que aparentemente no tienen nada que ver con el exterior y surge desde nosotros, me refiero al encuentro contigo, es decir desde el SER.

Este encuentro te llevará a territorios no explorados, al mundo de los aprendizajes, creencias y memorias inconscientes  al de los recuerdos olvidados que han determinado nuestra vida.

Cuando entramos en ese espacio el Yo pierde toda dimensión, y comenzamos un descubrimiento mucho más interesante que cualquiera que hubiera vivido jamás.

El encuentro contigo mismo  también tiene un factor de inesperado, pues te puede sorprender descubrir quien eres realmente detrás de todo aquello que vas quitando como capas de cebolla. En ese espacio, los encuentros dejan de ser fortuitos y te descubres como co-creador y el encuentro se vuelve infinito, no termina por un instante sino que es permanente por que te conecta con lo que realmente eres y por ello cuando te encuentras no quieres separarte jamás.

New England

Sucedió en Nueva Inglaterra donde la vida era tan buena como entrar a una cafetería por una taza de café y que te regalen un pastel de cortesía, como caminar entre hojas de arces y descubrir una alfombra de estrellas ocres, rojas y marrones adornando las banquetas y los parques; paisajes de vainilla, canela y miel de maple, a eso olía mi vida en aquellos días de otoño donde todo era un constante descubrimiento.

 Boston se sentía antiguo y revolucionario, con un paradójico estilo victoriano enmarcando una ebullición de pensamiento, mientras que Cambridge su ciudad hermana parecía coronar toda clase de descubrimientos y pensamiento nuevo dejando una estela acuariana entre sus calles como símbolo de una inteligencia creativa y ágil. Ambas ciudades están unidas por un puente que me hacía pensar en a unos hermanos gemelos, totalmente idénticos en apariencia pero con gustos e ideología distinta. Cambridge el hermano liberal y vanguardista y Boston un  conservador moderado que acunaba reminiscencias independentistas.

Yo vivía en Cambridge, aunque siempre sentí que vivía Boston, para mí no había separación entre ambas ciudades. Caminar de una ciudad a otra era tan  facilidad como cruzar  hermosos puentes que atravesaba el río Charles.

Cambridge para mí era la joya que Boston encerraba como valuarte del conocimiento. Adornado por hermosas y famosas universidades, Cambridge me regaló uno de los más hermosos aprendizajes en uno de mis lugares favoritos, las bibliotecas.

Las elegantes y gigantescas bibliotecas eran el mejor sitio para estar. Mi favorita era la biblioteca Widener en Harvad Yard, la sola idea de saber que había una bóveda de libros debajo de su elegante arquitectura me producía una curiosa emoción. El conocimiento siempre ha sido uno de mis más grandes motores, por aquella época pensaba que en los libros podía encontrar la respuesta que buscaba;  y en cierta forma fue así, ahora que veo aquellos días en retrospectiva, me doy cuenta que no importa que tan lejos estés de lo que buscas, basta tener una inquietud genuina sobre algo para que las  respuestas comiencen a aparecer de la forma menos esperada. En mi caso aunque las respuestas no estaban en los libros, de mucho ayudaron esos apacibles y silenciosos días nevados en la biblioteca.

Desde mi llegada a Boston -a Cambridge para ser exactos- me dedique a recorre todas las bibliotecas, los parques y las cafeterías, probé todos los postres,- mis favoritos eran las tartas de frutos rojos- leía todo lo que podía y me obsesionaba por encontrar libros antiguos, entre más viejo más emocionante me parecía tenerlo entre mis manos.

Tiendas de antigüedades, chocolaterías, y pequeñas trattorias eran mi paseo de Domingo siempre acompañada de mi computadora portátil para poder escribir en cualquier sitio; nunca me gustó escribir en cuadernos y aunque tengo una colección de libretas, la computadora siempre me resultó más practica.

Escribía mucho, escribí parte de mi tesis, algunos cuentos, y también un par de sueños que me hicieron despertar consternada más de una noche. No entendía como mi cabeza había podido producir aquella película de ciencia ficción con seres tan fantásticos que bien valdría la pena que tomaran vida en un libro. Toda aquella maravillosa experiencia en realidad me llevaba muy sutilmente a algo mucho más profundo, que no tenía nada que ver con el pensamiento, pero mucho con el ser.

 Ser es muy diferente a existir o a vivir, es algo demasiado profundo que nos conecta con la esencia de la vida y que por supuesto no tiene respuesta en ninguna biblioteca ni en ningún libro, tampoco es algo que puedas explicar a alguien, la filosofía esta repleta de tratados sobre el SER, y en realidad el conocimiento al que tenía acceso esos días solo me llevaba a confundirme más.

Poco a poco sentía decepcionarme de la ciencia, -y no quiero de ninguna manera demeritar las valiosas aportaciones a la humanidad-, pero me parecía algo muy limitado. Mientras hacía mi investigación descubrí que el éxito de mi tesis radicaba en saber delimitar perfectamente el objeto de estudio y el abordaje para no perderte en un mar de teorías, esto me llevó a darme cuenta lo fácil que es cuestionar lo científico, nose por que los seres humanos confiamos a ojos cerrados en algo tan limitado como la ciencia y desconfiamos en algo tan inmenso como el SER.

Transcurrieron mis días otoñales entre reflexiones, viento fresco y tonalidades de naranjas intensos que no dejaban de sorprenderme, poco a poco las copas de los árboles fueron quedaban vacías, algo parecido ocurría con mis ideas, era como si después de escribir y leer tanto hubiera llegado una saturación que me impedía continuar con mi tesis y con cualquier cosa que pretendiera plasmar, fue entonces que pase de ser una lectora reflexiva a ser una observadora.

El invierno llegó alargando las noches y dejando a su paso un paisaje nevado que me parecía una árida estepa, los árboles secos se parecían mis pensamientos incapaces de producir nada creativo que sirviera para mi investigación.

El invierno comenzó a incomodarme a tal grado que tuve que buscar reconciliarme con él. Es curioso como a veces necesitamos sentirnos muy incomodos con algo para arreglarlo. Cuando hicé las paces con el invierno y acepté que era  la temporada más larga en Boston, decidí no precipitarme y tome esa aparente sequia de ideas como un descanso intelectual.

Comencé a asistir a la biblioteca sin ninguna intención de escribir ni leer. Llegaba temprano, elegía los asientos con la mejor vista y me dedicaba a observar el paisaje, los cambios de luz, los copos de nieve y a las aves. Pronto empecé a disfrutar del blanco que me rodeaba y a descubrir que en esos momentos de observación y respiración pausada el estrés se iba por completo, me sentía bien con solo existir sin pensar en hacer.

La observación me atrapaba y parecía invitarme  a algo nuevo y profundo, que alguna vez había escuchado pero nunca había experimentado, la contemplación.

Con la observación mi mente se aquietaba, recuerdo algunos días conseguir por instantes un silencio mental que me hacía sentir que desaparecía, descubrí que al callar los pensamientos solo eres, ya no existes, sé que suena paradójico pero hemos limitado la existencia a una imagen construida por nuestra mente, por eso entendí que cuando la mente se calla la existencia trasciende a otro plano mucho más amplio y bondadoso, el SER.

Cuando lograba aquietar por segundos la mente y dejaba de observar con mis ojos el juicio se aletargaba y la contemplación aparecía como una puerta que se abría generosamente por segundos para SER.

Esos pequeños instantes de aquietamiento mental eran oro puro, mejor que cualquier paseo dominical, o cualquier lectura que robustecía mi pensamiento.

Era en esos segundos cuando sentía que por segundos coexistía con algo mucho mas inmenso que YO.

El invierno transcurrió con mucho más soltura y paz de la que me hubiera imaginado, y en un abrir y cerrar de ojos la primavera llego adornando todo en lilas, violetas y rosados, el río charles dejo de ser hielo y se volvió a llenar de gansos y cisnes, los parques y puentes que conectaban Boston y Cambridge parecían mas transitados que nunca, y yo continúe haciendo lo que había ido a hacer, escribir mi tesis.

Las ideas florecieron nuevamente meses antes de que la primavera llegara, escribía con fluidez y me sentía distinta, mi ojo tenía una nueva mirada, era como si todo alrededor fuera una emanación de algo mucho más grande que tomaba forma en una hermosa experiencia llamada vida que no solo existe sino ES.

 

La práctica de la felicidad en una taza de chocolate

 ¿Porque hablar de nuevos estilos de vida, más saludables, más conscientes y holísticos, cuando solo se trata de  tomar una taza de chocolate?

Estamos acostumbrados a sufrir, a pasarlo mal y sobre todo a pensar en las difíciles situaciones que nos han tocado enfrentar en nuestras vidas, somos incansables buscadores de lo que llamamos felicidad y pretendemos a toda costa huir del sufrimiento.

A nivel social, como sino bastaran nuestras dificultades personales, hablamos del calentamiento global de la extinción de las especies, los desajustes económicos y la inseguridad, eso sin mencionar los candentes temas políticos que se vuelven trending topic en las reuniones, incitando los comentarios de sus asistentes; todos tienen una opinión, una formula de cambio, una critica aguda y sobre todo una trinchera de competencia con los demás que motiva el interesante juego de tener la razón, ganar o perder.

La dualidad natural de nuestro pensamiento nos limita convirtiéndonos en seres muy básicos, – aunque insistamos en aparentar lo contrario, haciendo gala de la gran cantidad de información que acumulamos – por esta razón, cuando alguien ingenuamente comenta que se encuentra muy bien, que esta en paz con todo y que le da igual la política, la economía o el calentamiento global, termina con el interés del otro de iniciar cualquier debate o análisis. Curiosamente cuando las cosas van mal pareciera que hay mucho más que decir, como si el malestar fuera un alimento que nos permitiera socializar, sentir complicidad o incluso bienestar, pues te da la oportunidad de compararte y quizá hasta sentir que no estas tan mal como pensabas.

El bienestar en nuestra sociedad es un sentimiento extraño, casi incomprensible para la mayoría, un tema que despierta poco interés, posiblemente porque sobre lo desconocido se puede opinar poco; además el bienestar es una condición que deja a los otros sin argumentos, que más decir ante la arrolladora afirmación de “me encuentro bien” y peor aún si la razón es solo por que sí.  ¿No sería la respuesta de un lunático? ¿Quién puede estar bien sabiendo todo lo que ocurre allá afuera? Injusticias, pobreza, maltrato infantil, drogadicción. Entonces llega el argumento que nos libra de toda aprobación para aquel que tuvo la osadía de sentirse bien, “esa persona es egoísta” de otro modo no te puede “dar  igual” lo que pase allá afuera, y decir que simplemente esta bien.

En realidad, aprender a estar bien no se trata de egoísmo ni de indiferencia; por el contrario es una cuestión de comprensión. En primer lugar, debemos saber que nuestro cerebro busca garantizar nuestra supervivencia, por eso pareciera que se nutriera de lo negativo, buscando alertarnos ante cualquier comentario, o situación que nos despierte una emoción desagradable, esta parte tan básica de química cerebral esta ahí presente y es muy útil cuando conocemos como funciona y le damos su justa dimensión en nuestra vida.

Por otra parte, alcanzar el bienestar sin importar las condiciones externas no significa ser feliz o infeliz, significa tan solo estar; no dar más poder a las situaciones a través de interpretaciones de éxito o fracaso. Esto no es nada sencillo, es un entrenamiento mental donde logramos trascender la parte mas básica de nuestro cerebro experimentándonos como seres más conscientes, por ello lograr el bienestar no significa que no te des cuenta del calentamiento global o de la desigualdad del mundo, simplemente es haberte dado cuenta de que la mejor contribución que puedes hacer al mundo es no continuar nutriendo con tus pensamientos, actitudes o comentarios toda catástrofe que como sociedad atravesamos; sino por el contrario, mantener el equilibrio aún bajo la tormenta.

Esto puede parecer algo mucho más complicado que lo que es. Ciertamente se necesita una buena dosis de disciplina y entrenamiento mental para aprender a poner atención en el presente, en lo que está y en la belleza que nos rodea. Este entrenamiento nos permite ir construyendo un estado de bienestar para cuando los desafíos naturales de la vida se presenten, por ejemplo una perdida, un cambio de trabajo, etc. Estos puedan ser afrontados desde el bienestar, esto no significa que nos vamos a sentir felices pese a todo, significa no perder el equilibrio, pues la felicidad es un estado mental que no es el que nos han enseñado, y que pareciera equiparar la felicidad a un estado de euforia.

La felicidad es algo mucho más sutil y surge de esta construcción de bienestar constante, por ello es fundamental que aprendamos a edificarla; una forma de hacerlo es dando valor al sencillo arte de los pequeños y cotidianos “placeres” que por ser rutinarios dejamos muchas veces de valorarlos, me refiero a beber un vaso de agua cuando tienes sed, tomar una ducha, mirar el cielo, caminar o tomar una taza de chocolate y saborear.

Fátima Chavez A.

Creadora del programa Be-lieve

Website: Believecreerparacrear.com

Encuentro en la Montaña

Sonó mi alarma a las cinco de la mañana. Me puse de pie de inmediato, esperaba ese día desde hacía varios meses. Me lavé los dientes, la cara y vestí mi ropa de montaña; llovía, así que alisté mi impermeable también y me preparé mentalmente para un camino lodoso.

A las 5:30 a.m. estaba en la puerta esperando que pasara por mí. Mis compañeros de senderismo y yo viajaríamos juntos hasta el metro copilco donde nos reuniríamos con el resto.  No llegaron sino hasta las seis, empezamos la caminata un poco tarde, mi esperanza de ver el amanecer mientras subía la montaña se frustro, tampoco esperaba que hubiera lluvia. Me sentía un poco molesta, no sabía si mi viaje para hacer la caminata iba a valer la pena, ya habíamos empezado mal por el retraso. Al llegar a la falda de la montaña me sentí cansada y un poco nerviosa, la montaña siempre me había generado incertidumbre, una vez adentro no sabes con que te vas a encontrar.

Empecé a subir sin mucho animo, el guía dijo que lleváramos una caminata pausada y consiente. Mientras caminaba, recordé las veces que había practicado “walking medtation” con una monja budista que conocí en Boston, caminé al estilo meditativo, enfocada en mi respiración, sintiendo mi cuerpo. Al poner toda la atención en mí y en mis pasos identifique un ligero dolor de estomago y un tronar de rodilla que no había notado, la conexión con mi cuerpo y su lenguaje empezó a relajar mi cabeza, era como si ese leve dolor de estomago me hablara de todo lo que me había estado preocupando y que de no pausarme quizá ni lo hubiera notado. En esos días mi vida era muy acelerada y me había acostumbrado a no parar y tapar cualquier mensaje de mi cuerpo porque tenía demasiada prisa, siempre había algo por que trabajar, un sueño que alcanzar y la vida me parecía muy corta.

La caminata continuaba y no pararía hasta llegar a la cima y volver, a cada paso el mensaje me parecía más claro, comenzaron a llegar a mí cabeza varios pensamientos que en esos días me preocupaban, al momento que aparecían notaba como alguna parte de mi cuerpo se tensaba, descubriendo una clara relación entre lo que me preocupaba y ese leve dolor de estomago, el tronar de rodilla y otros achaques más que aparecieron regalándome respuestas claras. La sintonía entre mi cuerpo, su lenguaje y la naturaleza; me conmovieron, cuanta sabiduría a nuestro alcance-pensé-, solo era cuestión de mirarme en pausa y con honestidad.

 La caminata me llevaba en un vaivén que me conectaba con todo, seguí subiendo, mi corazón estaba muy acelerado, supuse era por la altura; seguí subiendo, la lluvia no cesaba, íbamos empapados, niebla, hojas, miles de hojas húmedas que nos hacían ir aún más despacio, plantas abrazándonos al pasar, y la mente solo cuidando los pasos.

En automático mi cuerpo empezó a sentirse mejor al ritmo que mis ideas iban clarificando, no había nada en que distraerme, solo mis pies y mi respiración. La calma me invadía y mis húmedos pies apenas se dieron cuenta que habían llegado a la cima.

No lo podía creer, ¡estaba en la cima! Había llegado casi sin darme cuenta, fue un momento fantástico, todos nos detuvimos ahí, la vista era preciosa, el suelo de la cima parecía un caldero humeante, el vapor blanco que brotaba del suelo parecía la pócima de un gran mago. Abrí mis brazos e imite el vuelo de un águila, por un momento me sentí una de ellas y reafirme mi gusto por tan bellos animales, el dolor de estomago se había ido por completo y un par de respuestas sobre su origen habían llegado a mí. Respiré profundo desde lo alto y me senté en una roca a observar, tomé aire, me preparé para el descenso, creyendo que la búsqueda había concluido. Pero no fue así la gran lección estaba por llegar.

 Iniciamos caminata cuesta abajo y el milagro de la rendición llegó, mis piernas se soltaron y parecía que corría, estaba soltando todo, por lo menos por unos instantes. Mis brazos se abrieron y tocaban todas las plantas que acotaban el camino, era como si mi cuerpo fuera un vehículo en neutral y cuesta abajo, simplemente me reía hacía mis adentros, ya no estaba el esfuerzo de la subida ni el anhelo de la llegada ya no había nada que perseguir. Bajar significó el momento de la reconciliación total con todo, porque después de la cima sólo se puede bajar y esa impermanencia me fascinó, nadie esta en la cima para siempre.

Con la última pendiente llegamos al punto de encuentro donde el viaje había iniciado, ahora todo era plano de nuevo, ya no había rocas ni brechas.

 Miré la planicie como la monotonía de la vida, sentí que había vuelto a la “civilización” un lugar donde todos persiguen lo mismo. Devolví a mirar la montaña para despedirme y le guiñé un ojo con complicidad, solo ella y yo sabíamos de nuestro encuentro, donde el silencio y la soledad me había mostrado que no había nada afuera que alcanzar y una tierra adentro por conquistar.

Sobre Mí y los Tres viajes que me llevaron a desarrollar Be-lieve

Hablar de Be-lieve es referirme a tres grandes viajes que marcaron mi vida.

Desde muy jóven había tenido la inquietud de encontrar respuestas incursionado en técnicas que me permitieran un mayor conocimiento de mi misma como la meditación y el yoga, (en ambas me sigo considerando principiante), pero la historia no comienza hasta años más tarde con un primer viaje y otros más.

 En  2008 me mude a vivir a  Madrid para estudiar mi doctorado, tras dos años de residir en España y vivir una época maravillosa, se cruzó frente a mi la oportunidad de asistir a un taller donde proponían un método práctico  de introspección que cambió mi forma de ver el mundo y de mirarme a mi misma, una  nube de pensamiento positivo me envolvió, este cambio de pensamiento se convirtió en una practica diaria, el proceso de auto-descubrimiento  comenzó, para el 2010 creía haber encontrado la fórmula para lograr mis sueños y vivir en plenitud, un año más tarde tras mi vuelta a México, y distintos desafíos laborares y personales, descubrí que los cambios que  había tenido a nivel de disciplina, autocuidado y entrenamiento mental eran un avance pero  el camino del trabajo personal parecía un largo tramo a recorrer.

En el año 2012 se me presentó una segunda oportunidad mucho más enriquecedora a nivel profesional y personal, esta vez el lugar elegido fue Boston, la aparente motivación era desarrollar parte de mi  tesis doctoral como Visiting Fellow en Harvard, el desafío comenzó desde perfeccionar mi inglés hasta conseguir la admisión, finalmente el día menos esperado la carta de admisión llegó y la aventura comenzó, las inmensas y preciosas bibliotecas que eran un mar de conocimiento se volvieron mi segunda casa siendo el espacio ideal para entrar en una etapa distinta a la que llame “mi desierto personal”, la vida social no era fácil de conseguir ni tampoco una prioridad, en esos días de soledad me reencontré profundamente con la meditación, comencé a practicar “walking meditación” y a asistir a diversos encuentros con monjes tibetanos, me encontré con muchos libros y autores que fueron clave para mi trabajo de introspección, descubriendo que todos los desafíos que se me habían presentado y con los que lidiaba en aquel momento solo  habían sido producto de  una creencia limitante, así que aunque estudiaba en una de las mejores universidades del mundo ahora faltaba saber ¿Cómo me iba a comer el mundo?  esa fue una idea que rondó por mi cabeza al estar en una universidad donde muchos líderes mundiales han estudiado, pero esa fue la creencia más errónea de ese momento, meses más tarde antes de finalizar mi estancia doctoral  descubrí que la única tierra por conquistar era mi propia mente.

A mi regreso a México mi visión era completamente distinta y aunque sentía un cambio profundo en mi, la historia apenas comenzaba. En el 2015 tuve el verdadero encuentro con el camino, la disciplina diaria y el trabajo interior con un tercer viaje, esta vez en Riviera Maya.  Aparentemente era un viaje mucho más sencillo, se trataba de un encuentro de meditación y bastón chino (yug-do), no había ninguna escuela donde matricularse ni proyectos de investigación, aún así, los desafíos fueron constantes, las personas quienes me invitaron se enfermaron y todo se complicaba para ir, nada de eso me detuvo y estuve ahí en el momento indicado. Este último encuentro fue en definitiva el parte aguas en mi vida, en ese momento el compromiso conmigo fue total y descubrí que el viaje que había iniciado años atrás, era solo el comienzo de un largo camino que aún transito, que conlleva servicio, disciplina, amor propio, alegría y sobre todo ¡Autoliderazgo!  años después de estos tres viajes y de muchas satisfacciones profesionales y personales, puedo considerarme una persona que ha experimentado en carne propia el poder de cambiar un sistema de  creencias y descubrir que todo aquello que moldea tu vida, tiene su origen en tan solo una  creencia, por eso  he decidido compartir uno de los proyectos que más me emociona, BE-LIEVE, una propuesta de nuevo estilo de vida, que te permitirá emprender tu viaje interno y liberarte de todo aquello que te limita para ser un LIDER de ti mismo,  dejar de ver hacia fuera y recordar que  antes de intentar liderar grandes proyectos es necesario descubrir quien eres y despertar todo tú potencial.

 Desde el amor, Bienvenido a Be-lieve.