Encuentro en la Montaña

Sonó mi alarma a las cinco de la mañana. Me puse de pie de inmediato, esperaba ese día desde hacía varios meses. Me lavé los dientes, la cara y vestí mi ropa de montaña; llovía, así que alisté mi impermeable también y me preparé mentalmente para un camino lodoso.

A las 5:30 a.m. estaba en la puerta esperando que pasara por mí. Mis compañeros de senderismo y yo viajaríamos juntos hasta el metro copilco donde nos reuniríamos con el resto.  No llegaron sino hasta las seis, empezamos la caminata un poco tarde, mi esperanza de ver el amanecer mientras subía la montaña se frustro, tampoco esperaba que hubiera lluvia. Me sentía un poco molesta, no sabía si mi viaje para hacer la caminata iba a valer la pena, ya habíamos empezado mal por el retraso. Al llegar a la falda de la montaña me sentí cansada y un poco nerviosa, la montaña siempre me había generado incertidumbre, una vez adentro no sabes con que te vas a encontrar.

Empecé a subir sin mucho animo, el guía dijo que lleváramos una caminata pausada y consiente. Mientras caminaba, recordé las veces que había practicado “walking medtation” con una monja budista que conocí en Boston, caminé al estilo meditativo, enfocada en mi respiración, sintiendo mi cuerpo. Al poner toda la atención en mí y en mis pasos identifique un ligero dolor de estomago y un tronar de rodilla que no había notado, la conexión con mi cuerpo y su lenguaje empezó a relajar mi cabeza, era como si ese leve dolor de estomago me hablara de todo lo que me había estado preocupando y que de no pausarme quizá ni lo hubiera notado. En esos días mi vida era muy acelerada y me había acostumbrado a no parar y tapar cualquier mensaje de mi cuerpo porque tenía demasiada prisa, siempre había algo por que trabajar, un sueño que alcanzar y la vida me parecía muy corta.

La caminata continuaba y no pararía hasta llegar a la cima y volver, a cada paso el mensaje me parecía más claro, comenzaron a llegar a mí cabeza varios pensamientos que en esos días me preocupaban, al momento que aparecían notaba como alguna parte de mi cuerpo se tensaba, descubriendo una clara relación entre lo que me preocupaba y ese leve dolor de estomago, el tronar de rodilla y otros achaques más que aparecieron regalándome respuestas claras. La sintonía entre mi cuerpo, su lenguaje y la naturaleza; me conmovieron, cuanta sabiduría a nuestro alcance-pensé-, solo era cuestión de mirarme en pausa y con honestidad.

 La caminata me llevaba en un vaivén que me conectaba con todo, seguí subiendo, mi corazón estaba muy acelerado, supuse era por la altura; seguí subiendo, la lluvia no cesaba, íbamos empapados, niebla, hojas, miles de hojas húmedas que nos hacían ir aún más despacio, plantas abrazándonos al pasar, y la mente solo cuidando los pasos.

En automático mi cuerpo empezó a sentirse mejor al ritmo que mis ideas iban clarificando, no había nada en que distraerme, solo mis pies y mi respiración. La calma me invadía y mis húmedos pies apenas se dieron cuenta que habían llegado a la cima.

No lo podía creer, ¡estaba en la cima! Había llegado casi sin darme cuenta, fue un momento fantástico, todos nos detuvimos ahí, la vista era preciosa, el suelo de la cima parecía un caldero humeante, el vapor blanco que brotaba del suelo parecía la pócima de un gran mago. Abrí mis brazos e imite el vuelo de un águila, por un momento me sentí una de ellas y reafirme mi gusto por tan bellos animales, el dolor de estomago se había ido por completo y un par de respuestas sobre su origen habían llegado a mí. Respiré profundo desde lo alto y me senté en una roca a observar, tomé aire, me preparé para el descenso, creyendo que la búsqueda había concluido. Pero no fue así la gran lección estaba por llegar.

 Iniciamos caminata cuesta abajo y el milagro de la rendición llegó, mis piernas se soltaron y parecía que corría, estaba soltando todo, por lo menos por unos instantes. Mis brazos se abrieron y tocaban todas las plantas que acotaban el camino, era como si mi cuerpo fuera un vehículo en neutral y cuesta abajo, simplemente me reía hacía mis adentros, ya no estaba el esfuerzo de la subida ni el anhelo de la llegada ya no había nada que perseguir. Bajar significó el momento de la reconciliación total con todo, porque después de la cima sólo se puede bajar y esa impermanencia me fascinó, nadie esta en la cima para siempre.

Con la última pendiente llegamos al punto de encuentro donde el viaje había iniciado, ahora todo era plano de nuevo, ya no había rocas ni brechas.

 Miré la planicie como la monotonía de la vida, sentí que había vuelto a la “civilización” un lugar donde todos persiguen lo mismo. Devolví a mirar la montaña para despedirme y le guiñé un ojo con complicidad, solo ella y yo sabíamos de nuestro encuentro, donde el silencio y la soledad me había mostrado que no había nada afuera que alcanzar y una tierra adentro por conquistar.

Publicado por historiasdefatima

Creo que la vida es un viaje fascinante para trascender nuestras limitaciones y ser verdaderos agentes de cambio. Creativa y apasionada de la escritura. Mi desarrollo académico se ha enfocado en el estudio del ámbito público y de gobierno. Comprometida con la sociedad civil organizada y con mi desarrollo personal. Creadora del programa Be-lieve, un camino al liderazgo personal.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: